La genial y atrevida concepción de sus construcciones incaicas no tuvo límites para los antiguos peruanos. A lo largo y ancho del mundo, los hombres generalmente hicieron construcciones a partir del suelo hacia arriba. En Moray trabajaron hacia abajo, retirando extraordinarias cantidades de roca y piedras, y empleando miles de trabajadores durante varias generaciones, para dar forma a varios agrupamientos de andenes en forma circular casi perfecta.